Conviviendo con la violencia. Rosa Montero.

Desde el bofetón en la infancia hasta los correazos, desde el maltrato psicológico hasta las chillonas broncas entre políticos, continuamente aceptamos la agresividad.Resultado de imagen de violencia

El calor enfermizo de este tórrido otoño quizá haya contribuido a inundar de sangre el final de septiembre: en poco más de 48 horas fueron asesinadas en España cinco mujeres. De esa cosecha atroz me estremeció en especial la última víctima, una mujer de 44 años que fue acuchillada repetidas veces en ­Torrox, Málaga. Arma blanca, furia negra: hace falta odiar mucho y tener unas tripas envenenadas para ser capaz de clavar una y otra vez la afilada hoja, tan cerca de tu víctima, tan manchado por su miedo y su dolor. Pero no es por esta horrible forma de matar, por desgracia tan común, por lo que el caso de Torrox me conmovió, sino porque la mujer tenía interpuestas dos denuncias por maltrato contra dos hombres, los dos con orden de alejamiento. Uno de ellos fue quien la asesinó. Al parecer, había vuelto a convivir con él.

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