VOLAR . Rosa Montero

Hoy son pocos quienes se acuerdan de ella, pero la canaria Pinito del Oro fue una estrella mundial, una de las mejores trapecistas de la historia. Y los trapecistas eran los príncipes del circo, los artistas más importantes del espectáculo. Yo vi un par de veces a Pinito del Oro en el antiguo Price: sobrecogía. Por entonces actuaba sin red y sin cable de seguridad, a cuerpo limpio, en el filo preciso de la muerte. Arriba, muy arriba, en lo más alto, esa figurita menuda y preciosa se ponía boca abajo en el trapecio, apoyada solamente con la cabeza, y se balanceaba de forma espeluznante. O se sentaba en una silla que apenas posaba dos patas sobre la barra. Su actuación era inconcebible: nunca he vuelto a ver nada semejante (y además ahora todos van atados, por fortuna). De hecho, sufrió varias caídas y estuvo a punto de matarse repetidas veces. A los 17 años se partió el cráneo y pasó ocho días en coma. Años después se rompió de nuevo la cabeza y otros huesos en el peor accidente de su vida. Y siempre volvió a subirse al trapecio: qué valiente. Su marido, Juan, se pasaba la actuación en la pista, debajo de ella, atento para agarrarla si caía.

Texto completo: “Volar”. Rosa Montero